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sábado, 25 de diciembre de 2010

Interludio II

(Continuación de Cierre)
Una habitación blanca. Las paredes parecen traslúcidas, pero detrás no hay nada. ¿O sí? Como en ese propio.. lugar. La luz de un astro extinto hace demasiado, ilumina de una forma enrarecida el ambiente, sin adornos. Lo que sería el suelo representa una vista aérea de icebergs, de una caída mortal y belleza sobrehumana. Lo que sería el techo es un tapiz demasiado realista de una especie de selva salvaje. Donde si fijas con atención la mirada parece tener vida. Y ahí no hay ningún ser vivo. La pared este, conforma una especie de universo, repleto de negrura, y colores de planetas de tonos pastel. Líneas discontinuas van delimitando los movimientos de los que hace eones, están inamovibles Y un par de líneas rojas cruzan esa especie de mapa interplanetario. Y la diagonal, va cayendo lentamente. Milisegundo a milisegundo. La pared oeste.. es una luz anaranjada, incandescente. La pared norte se va dibujando continuamente. Y representa una batalla continua entre dos seres asexuados. En la pared sur no hay nada. Ni siquiera oscuridad. La nada.
En el centro de la vista aérea de icebergs, se alza una cala rocosa. Sobre ella, un halo de algas ondea alrededor de una mujer, de edad indeterminada. Frente a ella, sobre un halo de luz, como la de su espalda, fluctúa un hombre con pantalones blancos hechos jirones mirándola fijamente.
- Te dije que debías bailar.
Roza con sus dedos lo que sería su rostro, y se ensombrece su figura. El brillo que antes la rodeaba se desvanece. Su mano delinea su figura, su mano aferra el tobillo derecho de ella, y la cadena reaparece. Ella baja la cabeza. Seis cadenas parten de ese brazalete metálico. Clavándose a través de las paredes. El techo. Y la última a través del suelo. Él se desvanece. El sonido de un millar de relojes, totalmente sintonizados, comienza a sonar. El cubo se mueve lentamente en la oscuridad. Un millar de ojos se cincelan en cada parte del exterior del mismo. Una oda comienza a elevarse como un lamento, o una profecía.
- Baila.. o muere.

martes, 7 de diciembre de 2010

Cierre


(Continuación de Sombras )
Tras el aquelarre interior abrí los ojos. Aparté a las dos hembras que dormían bajo mis brazos.
Me levanté del suelo oliendo a tierra mojada y sudor frío. El traje estaba totalmente destrozado. Aunque no quedaba mucho puesto.
Me subí los pantalones, esquivé la camisa que la morena tenía bajo la cabeza, y recogí la americana que estaba a pocos centímetros de donde había dormido.
Miré los cuerpos desnudos de la noche anterior, sentí asco. Y me dieron ganas de terminarlos.
El ciclo podría prescindir de aquellos despojos de libertinaje. Pero el Círculo no lo dejaría quieto. No les gusta perder a nadie de los suyos, por muy débiles que sean. Ese nivel de camaradería paternalista me resulta patético. Y ellos llegarían a mi. Y me condenarían por jugar con las cobayas.
La operación no debía ser descubierta. Cuando los míos organizaron todo este tinglado, no debieron pensar que ahondaríamos tan profundo en sus raíces. Les presuponíamos unos niveles de protección de sobra superiores, y la sorpresa fue mayúscula, cuando pude variar alguno de sus nudos ahí abajo.
Involucrarla a ella había sido mi baza maestra. Esa magicien, era además de la predilecta de la maestra, una presa cuestionable. Su debilidad fue evidente.. apestaba a necesidad y reconocimiento. Muchos escombros en su armario, que los suyos no dejaban de señalar a sus espaldas. Y ella era demasiado intuitiva.
Hacerla cómplice de mi causa haría que cualquier posible –y casi imposible- cabo suelto que podría haber dejado suelto, quedaría cubierto.
Sin darme cuenta tenía ya entre mis manos el cabello de una de mis concubinas, y en la otra la tierra comenzaba a calentarse y vibrar.
Me obligué a tirarla y de ella salió unas finas hebras de humo.
Haciendo un simple sello, oculté mi rastro en este lugar. Ninguna de las marionetas me recordaría. Pero el haber interactuado físicamente, no iba a resultar del todo una absoluta pérdida de tiempo.
Saqué el bisturí de cuarzo negro de la bota y seccioné sendos mechones de pelo de ellas dos.
Podrían resultarme útiles, cuando llegara la acción.

Sombras


(Continuación de Interludio I )
Tras romper el sello, todo había cambiado.
La falta de conexión me hacía sentir como si estuviera coja, a la hora de ejecutar los trazos. Estaba torpe, y eso a pie de calle resultaba cuanto menos delicado. Dentro del Círculo las cosas no iban a resultar mejor. El haberme extralimitado con el enemigo, (por mucho tiempo de tregua) en el que nos halláramos, no era una excusa sólida. Ni para mí, ni mucho menos para ellos.
Sabía las consecuencias desde que me involucré. No podía negarlo. Y aún así acaté mis propias leyes, que podrían incurrir en el vacío. La sensación que sentí al imaginarlo fue tan intensa que me eché instintivamente hacia atrás. Inventarme excusas para no deshacerme emocionalmente era tener demasiadas concesiones para lo que había hecho. Tenía que evaluar la situación fríamente. Hasta dónde había comprometido a mi casa, y hasta dónde había vendido mi esencia.. No.. no podía ser así. Sólo me impliqué yo. Esa serpiente de Vincent no debió descubrirme.
Sabes de sobra que fue la Maestra la que le envió a por ti. No era propio de ti, que en el momento en que el Círculo y los Nihilems aparecieron en el peor momento posible, huyeras como una rata. Y menos que lo hicieras a través de la ilusión, como una vulgar prestidigitadora de barra.
Es cierto. El hecho de que no lo hiciera ella misma, ya denotó una declaración de intenciones ante el Círculo y los Nihilems. No estaba dándome caza. Por lo menos por ahora..
Había que ser prácticos.
Lo primero era destruir la carta que tenía en las manos.
Busqué en los cajones de la cocina un bol de cristal, la desmenucé concienzudamente, hasta quedar retazos minúsculos y la prendí fuego manualmente.
Después lo hice con el arte sobre las cenizas.
Ese era el final.
No había nada que quisiera preservar, así que dispuse de tiempo para eliminar cualquier rastro psíquico incriminativo que no debiera estar allí.
Eso me costó más de lo que debiera.
Una vez terminado, recogí el maletín de cuero marrón del suelo, lleno de libros de la maestra, que ahora me pesaba de forma intensa, y salí sin mirar atrás. Con la mano sellé la puerta como tenía costumbre de hacer cuando vivía allí. Me paré en seco brevemente pero continué mi salida.
Ellos sospecharían que no dejara ninguna barrera puesta.
No en una de sus alumnas más estructuradas.
Ese pensamiento fue el único que me hizo olvidar brevemente mi estado de inminente caos interior. Debía embutirme en el rol que había creado, antes de que la realidad me tirara por tierra, y me volviera a mover impunemente a través de ella.

Interludio I


(Continuación de Espiral )

Mantener el aliento. Desaparecer entre las sombras. Borrarme de sus recuerdos. Perderme para volver a renacer.
Mantener el aliento. Mirar a través de los ojos. La humanidad está infectada. La mentira implica la decadencia. Y seguiremos perdidos en ella. Nada germina de la pérdida de consciencia.. pero ya nunca nada germina.
Mantener el aliento. Desaparecer entre las sombras.
¿Demasiado tarde?

martes, 23 de noviembre de 2010

Espiral




(Continuación de  Realidad 2.0 )

Los sonidos de los acordes le golpeaban en el pecho como un puño cerrado, y eso le place. Era lo más cercano a una sensación que sentía desde el final de la última misión.
La había comenzado con la precisión y desidia que siempre había vestido desde que se incorporó a la “organización”. La frialdad y la eficacia eran sus trajes favoritos. Al menos los metafóricos, no es que renegara de un buen traje de Armani, o unos buenos zapatos de Louis Vuitton. El monje siempre debía vestir en concordancia a lo que el rebaño precisaba ver. Y él siempre había sido un complaciente pastor.
La brisa en la cara le despejaba la mente. Pero eso no llegaba ni a sensación. Esencialmente, porque lo había creado él.
El comienzo fue bueno. El desenlace.. previsible. –Tuvo que pasar por alto el haber cerrado el puño involuntariamente-. No era lo primero que evitaba reconocer.
La gente que a su lado se desinhibía ni siquiera merecía valoración. Pero le reconfortaba ser la única persona en mitad de esa playa de noche, -vestida pulcramente de armani- que poseía autocontrol.
Esa contención siempre le había provocado cierto grado de erotismo sexual. Fue su pequeña concesión por haber cumplido de forma soberbia su obligación.
Los bailarines ni tan siquiera se percataban de su presencia. Y eso estaba bien.
Comenzaron a desnudarse y a dejarse llevar por sus pasiones. Como los patéticos animales que eran. Y él siguió repasando cada pauta. Cada matiz. En medio de esa vorágine de emociones desatadas, se podía concentrar mejor. Y aunque ni tan siquiera fuera consciente, lo necesitaba para lo siguiente que iba a repasar.
Después de estudiar la situación, los objetivos, su organización y a ella, procedió a la toma de contacto.
Aquella sucia magicien.. aún podía sentir su olor y la presión del lazo psíquico que debía seccionar para desenmascarar y volver a recuperar su verdadera identidad.
Llevaba demasiado tiempo accediendo indiscriminadamente a dispares guiones morales y metafísicos de momentos de vidas pasadas, para no terminar quemándose entre realidades y quimeras. Ahora ya no podía distinguirlos. ¿Sincronia?, ¿Iluminación?, ¿Trelyaran?, ¿Laberinto?...
Conceptos, recuerdos, teatralidad llevada al límite.
La lluvia comenzó a caer, a medida que su mente iba sintiendo la presión de las emociones contenidas. Como el titiritero que era, hizo un juego sucio moldeando los recuerdos de acuerdo a sus designios. Pero una fuerza superior derribó las cuatro barajas al tiempo, echándolo por tierra.
La marcha militar comenzó a retumbar. El descontrol era intenso, y sus marionetas comenzaron a rodearle, mientras saciaban sus deseos. Sin control. Sin pudor. Y sin censura.
Sonrió sintiéndose al límite, al reconocer a través del sudor y la lluvia a dos de las hermanas de la magicien copulando con uno de los suyos, sin tener conciencia de sí mismos.
La lluvia pasó a ser arrastrada con violencia por un viento furioso incrementado por sus pensamientos.
Aflojó su corbata y la tiró sobre la tierra convertida en barro, y desabrochándose la camisa cayó al suelo de rodillas mientras su rictus se volvía salvaje, y comenzaba a hundirse en esa tierra ahora pantanosa.
La espiral comenzaba a girar concéntricamente.
Los jadeos martilleaban en sus sienes, y el rugido del viento enmascararía ante cualquier espectador lejano, el rugido de su bestia. Pero él sentía su debilidad y vomitó.
Mientras intentaba inútilmente controlar sus emociones y frenar la vorágine de autodestrucción que había creado, comenzó a tejer un cubo alrededor de ellos. El maestro y los sucios aprendices fueron enclaustrados por una barrera que iba despojándoles de oxígeno y esencia. La intensidad fue bien recibida, más no percibida por ellos.
El hedor a humanidad era insoportable.
El maestro se desconcentró pero la barrera ya quedó establecida. Se desabrochó el cinturón y arrastrándose como podía entre los cuerpos, agarró a las dos magiciens que había reconocido minutos antes. Las dispuso contra la tierra y mientras la máscara se resquebrajaba y un denso vapor negro empezaba a expedirse por ella, rodeándoles, decidió que en el momento de arrojarse al vórtice mismo, parte de su Círculo caería también con él.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Realidad 2.0


(Continuación de Celosía)

No temo emprender esta locura. Aún sabiendo que la mejor de mi suerte es la muerte. Siempre has sabido de qué estaba hecho, así que no te habrás sorprendido al leer esta carta a tu nombre, Sombra.
Ha resultado satisfactorio trabajar contigo y todo lo que en este tiempo hemos llevado a cabo. Aunque nos extralimitamos, el período de entrenamiento pudo completarse.
No me arrepiento de nada de lo que sucedió. Formará parte de nuestros aprendizajes. Los lazos siempre terminan por distorsionarse. Ambos somos adultos inteligentes para aportar al recuerdo, el matiz que consideremos apropiado para continuar nuestro camino.
A partir de ahora, sentirás (si no lo has hecho ya) que varios de los sellos que ellos mantenían en consonancia entre nuestras consciencias han sido suprimidos. Pronto ya no quedará ninguno. Así como cualquier nexo físico. Mi paradero a partir de ahora, no será facilitado ni a tu Organización, ni a ti misma. En el caso de que tu Maestra, o alguno de tus cooperantes intentaran rastrearme o buscarme a través de la mía, su resultado será nulo. Si por lo que sea, no es suficientemente contundente, lamento decir que se entablarán acciones violentas, dejando de lado el protocolo pacífico.
El laboratorio, la sala oscura y la de prácticas, han sido vaciadas y deshabilitadas, según nuestro código, y se han pasado a manos de la Construcción, que las usarán según sus necesidades.
Los coches, el tuyo y el mío, han sido cedidos a vuestra organización. Tú sabrás mejor que yo lo que sucederá con ellos, ya que yo lo desconozco.
Sobre el material de nuestras investigaciones, todo habrá desaparecido. Tanto para ti como para mí. Mis recuerdos esta vez no serán borrados. Por lo que he podido investigar, no creo que sea así en tu caso. Así que no tiene demasiado sentido continuar con esta carta (ni la carta en sí). Si he decidido hacerlo, ha sido por respeto a ti. Has sido una cooperante eficaz.
La buhardilla la he desalojado. Me he llevado mis efectos personales. No creo que el material que tengas allí te preocupe en exceso, ya que son bienes fácilmente reemplazables. Y más para ti. Pero bueno, en cualquier caso, ahí estarán. Mi llave ya no existe. Así que si aún recuerdas algo tras tu proceso de reseteo –y esta carta no ha sido filtrada-, y bien deseas recoger alguna de tus posesiones, he conseguido liberarla. Es tuya. Supongo que es mi última consideración hacia ti. No será detectada ni por los míos ni por los tuyos. Haz con el apartamento lo que consideres necesario. Tómalo como un presente.
Recomendarte precaución con las serpientes que te rodean, temo que quedaría totalmente fuera de lugar.
Es hora de irme.
Cuídate.
P. G.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Celosía


El sol ya había caído, y el calor era más soportable. La brisa, calmaba los sentidos y el corazón. Bajo un cielo de colores infinitos color pastel. Sin sol. Sin embargo no reduje el paso. Shihâb galopaba con fuerza. Guiada por mis ansias de libertad. La arena levantándose a cada zancada, parecía formar una estela ocre que quedaba tras nuestro avance. El fino vestido de delicados colores se pegaba a mi piel. Mis sentidos se agudizaron al cerrar los ojos. Guiada por el influjo del viento y la percusión del animal.
Me tumbé sobre su lomo, y mi cara quedó sobre sus crines negras. Las acariciaba sintiendo el calor que procedía de su piel.
Abrí los ojos de nuevo, y me di cuenta de que nos habíamos parado. Miré hacia delante y allí estaba él..
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has conseguido penetrar..?
- ¿En tu ilusión? –una sonrisa de aburrimiento se cinceló en su rostro- Es algo muy sencillo, querida. Los sellos, aunque correctos, no estaban lo suficientemente perfectos. Aunque el estilo me ha sorprendido, te sigue faltando técnica.
Frente a mí, un hombre de ojos oscuros y cabellos negros, vestido con atuendo de sedas blancas, como las mías. Sobre su caballo blanco. Pero no era él.
La brisa parecía distorsionarse por momentos. Y aunque aún no había empezado la degeneración de mi espacio, los colores, los olores, la calidez de Shihâb, se fueron diluyendo. Lo sentía. En breves momentos, comenzaría la desfiguración. Y aún no estaba preparada para enfrentarme a la realidad.
- ¿Es así como te ves? La verdad es que siempre te he considerado una mujer emotiva, te delata tu pasión y tu rabia. Pero no creía que fueras tan romántica. Esta mezcla de tonalidades y olores, es cómo sumergirse en un lamento melancólico árabe. No sabía que soñabas con algo así. Ni con una tú así..
- Siempre te ha faltado el sentido de la percepción emocional. La Maestra siempre ha tenido razón. Tu cinismo no te permite traspasar el umbral. Pronto el velo será más grueso a tu alrededor, porque tus ideas preconcebidas a golpe de estereotipo no te dejarán más que ver la realidad que tú atribuyes al resto.
- Es hora de volver, Sombra.
Su sonrisa había desaparecido por completo. La ilusión que había creado, y le hacía parecerse al ser que esperaba en este reino, se quebró por completo. Volvía a ser el ser que había enroscado su cuerpo entorno al mío como la cobra que era. Asfixiándome.
- Veo que la ilusión de lo que esperabas ver, ha caído a tus pies. –Se miró, mientras sus ropas volvían a ser las de siempre. Traje negro, camisa blanca. Sonrisa siniestra. Mirada osada. Mente cuadrada..-. Consigues con tus ilusiones dotar de misticismo a alguien como yo. No debo parecer tan malo. Tus artes no son tan buenas.
- ¿Eso crees?
El cielo se había vuelto negro. Lleno de polución. Sin estrellas, sin colores, sin esperanza. Él ya era el de siempre, y yo.. no tardaría en mostrarme de nuevo.
La arena, era ya frío y sucio cemento. Y en el horizonte, ya no estaba aquella luna enorme y roja. La niebla era lo único cercano que comenzaba a aparecer entre nosotros.
- Aún no estás hablando con Sombra.
Tirando de las riendas dando la espalda a la realidad que no aceptaba en estos instantes, comencé a galopar a través de esa atmósfera, que no cesaba de dibujar edificios de metal en lo que fue mi paraíso. Escapando de él y de mí.
El viento frío erosionaba mi piel y mis ropajes, como cuchillas. El corazón volvía a aletargarse, y aunque la velocidad aumentaba, no corríamos tanto como él.
Algo tiró fuertemente de mí, y un golpe enérgico pareció romperme la espalda contra el suelo. Y luego solo hubo oscuridad. Yhared había desaparecido.
Abrí los ojos. Él estaba de pie a mi lado. El ruido de las sirenas, los gritos, el tráfico insolente a cualquier hora, el hedor a resentimiento y la rabia.
Mis ropajes de colores se habían convertido en un vestido gris ceniciento. El color de mi piel, había desaparecido, y tan sólo el blanco cincelaba mi cuerpo. Y las lágrimas volvían a teñirlo todo. El velo había caído. Yo había sido arrancada de mi ilusión, para estamparme sobre el charco de desolación que ahora mojaba mi cuerpo. La sonrisa cínica se cinceló en mis labios, y la autocompasión y el tedio volvieron a envolverme de nuevo. Y mientras todo aquello me golpeaba de nuevo en el estómago, sintiendo unas ganas horribles de vomitar mi vida misma, él seguía ahí. De pie. A mi lado. Con su mirada compasiva, su sonrisa cínica, sus manos en los bolsillo, y uno de sus trajes de armani , como si estuviera de vuelta de todo. Complacido con la imagen que ahora veía ante sí. En ese instante le odié como nunca. Y aunque las lágrimas no cesaban de fluir, marqué más mi sonrisa. Y algo tuvo que ver, porque por un instante, la suya se desvaneció y en sus ojos pude ver el brillo del miedo, y fue en ese ínfimo instante, cuando supe que le había alcanzado.

Continuación.. Realidad 2.0