domingo, 8 de enero de 2012

The Crow - El Libro

El libro que tengo en mi regazo no es sólo una historia de amor. Es una historia de dolor e instrospección. El libro que tengo entre mis manos no sólo es el idealismo romántico llevado al extremo, es una tortura que desvirtúa a una de mis películas fetiche de forma demoledora.
Es la locura misma, exenta de censuras. Es la historia de amor que nunca podrá ser. Es el sentimiento de culpa elevado a la máxima potencia. Es la ira, la condena, el pago de alguien que ha perdido al que era el amor de su vida, donde las palabras golpean desde dentro y los dibujos arrancan el idealismo de raíz. Donde protagonista, autor y  verdugo son el mismo ser y juegan a ser Dios y Diablo: James O´Barr.


Tan sólo la introducción, ya consigue agitarte desde dentro. Únicamente leyéndola, ya da mil vueltas a la película. Tan sólo con su introducción ya he caído de nuevo...
Hay dos dibujos en concreto que son dolor y rabia juntas. Son "sentimiento de pérdida" abofeteándote en blanco y negro en plena cara. Si las miras bien fíjamente hacen tal juego de luces y sombras que "ves" tu propia mierda.
Este cómic es la noche pura. Una noche que sólo los que han atravesado el Infierno sabrán reconocer cada rincón en cada página. Les hará jadear, les zarandeará y les hará más pesado el aire. La ansiedad golpeará en sus pechos y les zambullirán en las aguas donde el litio no puede filtrarse. Es el verdadero dolor y terror. Es dolor emocional.
Son Revelaciones Agrietadas (Parte III)
Y particularmente, es recuerdos.
Grata fue la sorpresa de encontrar un par de poemas de Baudelaire entre sus páginas. Cuando hace ya más de diez años comencé a tontear con quien ayudó a identificar mi idealismo dentro de unos márgenes de no tanto "normalidad", como de exactitud.
A este cómic decides tú cómo quieres tratarlo. Tú decides si quieres tan sólo verlo. Porque como casi siempre, es mejor verlo que mirarlo. Como dice la canción, "Don't look don't look" the shadows breathe, whispering me away from you"..
Yo, cómo no, siempre he sido una payasa. La elección era protocolaria.



Aquí os dejo un breve aperitivo, para mis queridos lectores ávidos y carnívoros. Veamos si tan sólo estas palabras hacen salivar vuestras fauces durante unas horas......

" Si hubiera pagado el seguro del coche... si la hubiera llamado diez minutos más tarde... Si le hubiera dicho: "¡Nos vemos mañana, preciosa!"
Si, si, si, si...
No había nada en mi futuro más que el vacío.
Yo esperaba que al poner toda mi rabia asesina en papel y lápiz, de alguna forma, como por arte de magia, desapareciera el dolor, la tristeza y la conducta autodestructiva que sufrí.
Elegí el nombre de Shelly por Mary Shelly, la creadora de Frankenstein, y el de Eric por El fantasma de la ópera, porque la muerte de Shelly me convirtió por dentro en un monstruo oculto bajo una estoica fachada de normalidad. Como un cartógrafo demente, diseñé un paisaje barrido por la ira. Si no había justicia en el mundo real, me iba a inventar la mía propia. "

Sin más, el libro que tengo en mi regazo....



Me vuelvo a mi propia Introspección.




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